Marcharte de tu país por una dictadura, la historia de Miguel Méndez
Con solo 18 años, Miguel Méndez y su familia tomaron una decisión que cambiaría sus vidas para siempre: dejar Venezuela y empezar de cero en España. La salida del país no fue una elección sencilla, sino la consecuencia directa de una situación política, económica y social cada vez más insostenible bajo el régimen de Nicolás Maduro. Hoy, ya licenciado en Periodismo por la UCAM y cursando un máster en Análisis Político en la Universidad de Murcia, Miguel observa la realidad venezolana desde la distancia, pero con la implicación de quien la ha vivido en primera persona. En esta entrevista repasamos su historia familiar, su experiencia migratoria y su análisis del presente y futuro de Venezuela desde la mirada crítica de un periodista formado entre dos contextos.
—¿Cómo recuerdas la Venezuela en la que creciste y cuál fue el contexto político y social que viviste antes de venir a España?
La Venezuela en la que crecí fue muy distinta a la de 2017, que fue el año en el que salimos del país. A medida que fui creciendo, la situación social fue empeorando progresivamente. Yo nací en 1999 y ya en los años 2006, 2007 y 2008 la situación comenzaba a deteriorarse de forma evidente. Personalmente nunca sentí una crisis social tan grave en esos primeros años, pero a partir de 2015 todo empeoró de manera muy clara debido al desabastecimiento, la inflación y las políticas económicas implementadas por el régimen chavista, un sistema netamente socialista y neocomunista.
Desde 2015 la inflación se volvió tan insostenible que a muchísimas familias les costaba incluso comprar alimentos en el supermercado, hasta el punto de que algunas no podían comer. En 2016 y 2017 vi a muchas personas alimentándose de la basura, incluso en Lechería, mi ciudad, que no es una ciudad pobre, sino de clase media y media-alta. Eso era algo que nunca había visto desde mi niñez hasta mi adolescencia. Decidimos salir porque la situación era completamente insostenible: no había alimentos y, cuando los había, el salario de mis padres apenas alcanzaba para comprarlos.
—¿Qué motivó a tu familia a tomar la decisión de emigrar a España en 2017? ¿Cómo fue ese proceso para todos vosotros?
Antes de emigrar definitivamente, en 2016 vinimos a España, concretamente a Asturias, ya que teníamos una tía viviendo allí. Estuvimos un tiempo viendo cómo era la vida en España, el sistema universitario para mí y el instituto para mis hermanos.
Lo que nos llevó a tomar la decisión final fue principalmente la situación económica y la incertidumbre sobre el futuro. ¿Qué podía hacer un joven en Venezuela en ese momento? Absolutamente nada. No había futuro ni presente. Si nos quedábamos, nos íbamos a empobrecer cada vez más y además cada vez había menos posibilidades de poder salir del país. Pensamos en el futuro, en mis estudios universitarios, en el trabajo y en cómo salir adelante. Eso fue lo que nos empujó a marcharnos.
En cuanto a cómo fue el proceso nosotros salimos de Venezuela forzados. Nadie quiere dejar su país por gusto. La mayoría de las personas emigran porque no tienen otra opción, porque sienten que socialmente no avanzan y que el futuro es totalmente incierto. Nosotros teníamos nuestra casa, nuestra vida, nuestra familia y nuestros amigos, pero aun así tuvimos que irnos. Normalmente se emigra por obligación o buscando un futuro mejor.
—¿Cómo viviste tú y tu familia la llegada a Murcia y la adaptación a una nueva cultura, sistema educativo y sociedad diferente?
Primero llegamos a Madrid, donde nos recibió una tía junto a su pareja, que viven en Francia desde hace muchos años, en Marsella. Ellos viajaron a Madrid para ayudarnos a llegar hasta Murcia. Una vez allí, nos instalamos en una pedanía llamada Beniaján, donde vivimos los dos primeros meses mientras buscábamos un piso más cerca del centro de la ciudad.
Nuestra llegada fue, por suerte, en avión, algo que no pueden decir muchos compatriotas que tuvieron que salir caminando por la frontera hacia Colombia, arriesgando sus vidas, o los que cruzaron la selva del Darién en Panamá rumbo a Estados Unidos. Nuestro traslado fue relativamente cómodo, en avión, con aire acondicionado y utilizando transporte público, algo por lo que siempre me considero afortunado.
—Desde tu experiencia personal y periodística, ¿qué figuras del entorno de Maduro, tanto políticas como sociales, crees que han sido más determinantes en el rumbo de Venezuela en los últimos años?
Las figuras clave del régimen desde que Maduro llegó al poder en 2013 han sido, en primer lugar, Diosdado Cabello, actual ministro del Interior, Justicia y Paz, a quien considero una de las personas más malignas que ha dado la política venezolana. También Delcy Rodríguez y su hermano, figuras muy influyentes dentro del régimen, con un pasado familiar marcado por el resentimiento, ya que su padre fue un guerrillero asesinado durante la etapa democrática del país. Desde mi punto de vista, ese resentimiento se refleja hoy en la forma en la que han contribuido a destruir la vida del pueblo venezolano.
A estas figuras se suma Vladimir Padrino López, actual jefe máximo de las Fuerzas Armadas. Junto a Nicolás Maduro y su esposa, conforman el núcleo de poder que ha marcado el rumbo del país en los últimos años.
—¿Qué interpretación tienes de la detención de Maduro y cómo crees que se percibe en Venezuela?
Considero que se ha hecho justicia por la enorme cantidad de crímenes cometidos por este señor. Hablamos de más de ocho millones de venezolanos exiliados de manera forzosa porque en el país no se puede vivir. Además, existen más de 1.500 presos políticos bajo el régimen de Maduro, muchos de ellos recluidos en El Helicoide, un centro de detención conocido por las torturas a personas que piensan distinto al régimen chavista.
A esto se suman asesinatos, secuestros, torturas, exilios forzados y delitos como narcotráfico y terrorismo. Estamos ante un régimen criminal y comunista.
—¿Qué opinión tienes sobre el papel de Estados Unidos en todo este proceso?
Es la primera vez que veo a Estados Unidos llevar a cabo una acción concreta en ayuda al pueblo venezolano. La captura de Maduro supone, para mí, un primer paso hacia la justicia. En este segundo mandato de Trump se ha contribuido a agilizar un posible proceso de transición hacia la democracia. A partir de aquí tendrán que darse nuevos pasos para ver si Venezuela puede volver al camino democrático, aunque todavía está por verse y serán los acontecimientos los que marquen el rumbo.
—¿Qué papel crees que pueden jugar los medios de comunicación internacionales y venezolanos en la forma en que se ha contado esta crisis?
En Venezuela no existe la prensa libre. Hay una censura total: si eres periodista y difundes información veraz, puedes ser encarcelado, secuestrado o incluso asesinado. No existe libertad de prensa ni en periódicos, ni en televisión, ni en radio.
A nivel internacional, depende mucho del medio de comunicación. Algunos cuentan la realidad de forma clara y directa, mientras que otros maquillan la situación y no muestran la verdad completa de lo que ocurre en el país.
—Mirando al futuro, ¿qué escenarios crees que son más probables para Venezuela y cómo te gustaría que el periodismo contribuya a ese proceso?
Tengo la esperanza de que en los próximos años Venezuela recupere la democracia con María Corina Machado y Edmundo González. Ese es mi deseo y el de todo el pueblo venezolano, tanto dentro como fuera del país. No olvidemos que los venezolanos están exiliados en casi todo el mundo, forzados a vivir lejos de su tierra. Mi visión del futuro es de esperanza, especialmente en la posibilidad de que el pueblo venezolano pueda volver algún día a su país.