Cada mañana, miles de estudiantes recorren los pasillos universitarios cargando algo más que apuntes y ordenadores. Detrás del ritmo acelerado de clases, trabajos y exámenes, muchos conviven con una sensación persistente de agotamiento emocional, ansiedad y frustración. Un malestar que rara vez se verbaliza, pero que los datos oficiales ya no pueden ignorar.
El malestar que no se ve
Según el informe La salud mental en el estudiantado de las universidades españolas, elaborado por los ministerios de Sanidad y Universidades, el bienestar emocional de la población universitaria se ha deteriorado de forma continuada en los últimos años. La pandemia intensificó una situación que ya venía gestándose, y la universidad se ha convertido en uno de los espacios donde este problema se manifiesta con mayor claridad.
Durante los años 2022 y 2023 se registró un aumento de los trastornos alimentarios, el aislamiento social, las autolesiones y la ideación suicida entre los estudiantes. A ello se suman barreras para pedir ayuda profesional, derivadas de la presión académica, económica y social, así como de la falta de información sobre los recursos disponibles.
“Uno de cada dos universitarios presenta síntomas de ansiedad o depresión, pero muchos no piden ayuda”.
Los datos confirman el problema
Un estudio cuantitativo realizado por CIBERSAM con más de 59.000 estudiantes revela cifras preocupantes: uno de cada dos presenta síntomas depresivos o de ansiedad, uno de cada cinco sufre insomnio clínico o ideación suicida, y una parte significativa reconoce consumir alcohol de riesgo. A pesar de ello, muchos desconocen o no utilizan los servicios psicológicos universitarios.
Un segundo estudio cualitativo, elaborado por la Cooperativa Aplica a partir de entrevistas grupales, apunta a factores estructurales que afectan al bienestar del alumnado: presión económica, sobrecarga académica, burocracia, falta de adaptación docente y escasez de espacios comunitarios. Aunque los estudiantes valoran positivamente las becas, los recursos digitales y la mentoría, denuncian el trato impersonal y las largas listas de espera en atención psicológica.
¿Por qué ocurre?
Entre las causas del deterioro emocional destaca la autoexigencia académica. Diferenciar entre autoeficacia y autoexigencia resulta clave: mientras la primera impulsa el crecimiento personal, la segunda puede derivar en ansiedad, frustración y bloqueo. Psicólogos y educadores advierten de que la competitividad constante y las comparaciones, alimentadas en gran parte por las redes sociales, agravan este problema.
La autoexigencia académica puede convertirse en un factor de riesgo para la salud mental”.
Redes sociales: evasión y riesgo
El consumo intensivo de redes sociales se ha convertido, además, en una vía de evasión frente al estrés. Estudios realizados con universitarios españoles señalan que cerca del 30 % presenta un uso problemático de estas plataformas, asociado a mayores niveles de ansiedad y depresión. Aunque ofrecen una desconexión inmediata, posponen la gestión real del malestar.
¿Qué hacen las universidades?
Ante este escenario, las universidades están llamadas a asumir un papel más activo. La Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) reconoce el derecho del estudiantado al cuidado de su salud mental y obliga a garantizar servicios gratuitos de apoyo psicológico, así como políticas de igualdad y no discriminación.
En la práctica, los modelos de intervención varían. Mientras que las universidades públicas suelen ofrecer atención psicológica breve debido a la alta demanda, instituciones privadas como la UCAM apuestan por un acompañamiento más personalizado, a través de servicios de orientación y la figura del tutor personal, con una detección más temprana de los problemas.
“El bienestar psicológico no debe ser el precio a pagar por el rendimiento académico”.
Mirar más allá del rendimiento
El consenso entre expertos es claro: el bienestar emocional no puede seguir siendo el precio del éxito académico. Reforzar la prevención, mejorar el acceso a los recursos y promover una cultura universitaria más humana se presentan como retos inaplazables.
Encuesta universitarios UCAM
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